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 Ralexion Kidbudd

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Ralexion
Aprendiz de Pirata
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Fecha de inscripción : 15/09/2009
Edad : 26
Localización : Durmiendo como un tronco.

MensajeTema: Ralexion Kidbudd   Mar Sep 15, 2009 9:56 pm

Hoja de Personaje



.:Datos básicos:.

Nombre: Ralexion Kidbudd

Raza: Humano

Edad: 17 años

Afiliación: Pirata

Sexo: Varón

Profesión: Espadachín // Nivel 1: 4 puntos

Cargo: Rango 10

Recursos económicos: Realmente el dinero no lo es mío... nunca he trabajado, y dudo que nunca lo haga. ¿Realmente me hace falta? Con tener una buena espada y unas ropas que tapen mis vergüenzas, me sobra...

Fruta del diablo: Suna-Suna no Mi

Efectos: •Suna-Suna (スナスナ, Arena-Arena): , le permite a quién se la haya comido convertirse en arena y manipularla. También puede controlar la arena que le rodea y generar tormentas. El usuario también tiene el poder de deshidratar con la mano cualquier cosa a voluntad, al grado de poder convertir los objetos en arena y polvo. Sin embargo, quien se la haya comido es incapaz de volverse arena cuando se entra en contacto con líquidos o algún objeto húmedo, incluyendo sangre, debido a la naturaleza de la arena de mantenerse junta cuando esta mojada.

Debilidades: Las dos debilidades de la Suna-Suna no Mi son, aparte del típico hecho de que soy incapaz de moverme cuando me encuentro totalmente rodeado de agua, pierdo la consciencia, y me quedo totalmente indefenso, cualquier líquido con el que me embadurnen o lleve mi contrincante a la hora de golpearme, soy incapaz de evitar el golpe al convertirme en arena, siendo vulnerable como cualquier otro ser humano.


<------------------------------------>


.:Datos Personales:.

Descripción física: Hmm... veamos... más o menos, se podría decir que mido 1.76, peso 60 kg y mi complexión es mas bien delgada. Pelo tan oscuro como la noche, lacio, corto y generalmente, despeinado. Mis ojos son de un color gris oscuro, apagado, que no suele mostrar sentimientos. Bien, aparte de eso, con lo que ya te puedes hacer una ligera idea de mi aspecto, suelo vestir con una camiseta de tela algo suela, blanca, con rallas rojas que descienden perpencidularmente por toda la prenda, unos pantalones del mismo material negros, y unos zapatos elegantes para caballero también azabaches. Por último, suelo portar una muñequera de oro puro en la muñeca izquierda.

Descripción psicológica: Resumiendo, soy, ciertamente, un tipo bastante impredecible. Aunque bueno, trataré de explicarme mejor... mi conducta es tan variable como la de un humano, que tiene buenos y malos momentos, no soy una máquina que hace siempre lo mismo. Generalmente suelo tratar de mantener la calma y lo consigo, siendo objetivo y calculador, pero si la presión puede conmigo me muestro como realmente soy, pasional, incontrolable y cabezota. Aún así, puedo decir a mi favor que soy un tipo que generalmente siempre tiene unas intenciones honradas, y me hice pirata más por la aventura y el viaje que por las riquezas o la posible fama. Mi ética es bastante extraña para un pirata: no matar si no es necesario, tratar de ser discreto en la medida de lo posible, y nunca ir buscando pelea. Aún así, no te fies completamente de mis palabras, ni yo mismo puedo predecir a veces como voy a reaccionar...

Gustos: Realmente, tengo muchos gustos, pero los más destacables son estos: para empezar, mi gran sake y gusto por la comida, aunque sea delgado, me encanta comer. Por otro lado, el leer todo tipo de libros, da igual lo que sea, y descubrir cosas nuevas en general.

Habilidades: En proceso...

Cualidades:
Fuerza: Inferior
Resistencia: Neutro
Agilidad: Superior (Profesión)
Precisión: Inferior
Carisma: Superioridad
Inteligencia: Neutro
Percepción: Superior
Fuerza de Voluntad: Superior


Sueños o Metas: Mi sueño... aunque sea difícil de cumplir, es pisar todos los lugares del mundo, y explorarlos... su cultura, su gastronomía, sus costumbres...

Equipamiento: Muchas son mis posesiones materiales, aunque desde que abandoné mi hogar para darme a la piratería de buen corazón, solo me he llevado conmigo una katana normal y corriente, de vaina negra y empuñadura gris, que no tiene nada de especial, solo cierto valor sentimental para mí.

Historia: ¿Mi relato? Realmente... no tiene nada de especial, simplemente las peripecias de un energúmeno con ganas de aventura y más fantasías que cerebro. Hasta que se hicieron realidad, claro...

Yo era el niño más travieso y revoltoso de todo Logue Town. Con mi banda de amigos, jugábamos a ser piratas, montábamos jaleo por la ciudad y robábamos una manzana o dos. Éramos huérfanos, vivíamos en un pequeño local abandonado, y ninguno de nosotros sabía lo que era tener padres. Y aún así, la vida nos parecía maravillosa. No teníamos que preocuparnos de nada más serio que algún que otro tendero gordo y furioso que era incapaz de atraparnos, los Marines nos veían solo como niños revoltosos y nunca nos perseguían. Cuidábamos los unos de los otros, y podíamos jugar cuando queríamos, sin normas ni adultos. Al no conocer nada más, eso nos parecía lo mejor, pero según fuímos creciendo, todos nos dimos cuenta de la pobreza a la que estábamos sometidos.

Y entonces hicimos un juramento. La única manera de salir de esa espiral de pobreza y mugre era, o bien haciéndose pirata y vivir con tus propias reglas, explorando lugares desconocidos y corriendo aventuras, o uniéndose a la Marina. Aunque fueras un recluta, tenías estancia y comida aseguradas.

Evidentemente, todos queríamos ser piratas, así que nos "entrenamos" duro. Nosotros creíamos que entrenábamos, pero en realidad no éramos más que una pandilla de chiquillos de 12 años haciendo el tonto en un local abandonado y en las calles de la ciudad. Sin embargo y no obstante, agallas teníamos de sobra...

Un día como cualquier otro, un enorme barco pirata atracó en la ciudad. Su capitán era un importante y conocido bucanero, y su cabeza valía 10.000.000 Berries; y aún así, la Marina no movió un dedo, puesto que el gobernante que había por aquél entonces en Logue Town era un alfeñique que prefería quedarse tranquilamente en su habitación atiborrándose de comida, que afrontar sus deberes. La ciudad estuvo aterrorizada durante varios días, momento que aprovechamos para jugarles una mala pasada a los piratas.

Se podría decir que estábamos totalmente locos, pero, aprovechando un momento de borrachera por parte de la enorme mayoría de la tripulación, nos colamos en el barco, mientras ellos bebían, cantaban y hasta se peleaban en una de las tabernas de la ciudad. Nos separamos por el barco, buscando tesoros, armas... cualquier cosa que pudiéramos robarles. Yo me colé en la cabina del capitán, y nada más entrar, me fijé en un pequeño cofre que descansaba sobre el escritorio, junto a mapas y demás objetos de la misma índole. Abrí el cofre sin pensármelo dos veces, y la extraña fruta que encontré dentro despertó todavía más mi curiosidad. ¿Por qué guardarían una fruta de forma y color tan extraños en un cofre? Parecía una especie de papaya, pero marrón claro, como si estuviera pasada; y sin embargo, curiosamente, olía muy bien.

Barajando posibilidades, creí haber encontrado la solución al misterio: debía de ser una extraña fruta de tierras muy lejanas, que los piratas habían encontrado (o quizá comprado) en tal de comerciar con ella en otros lugares. Si nuestra intención era fastidiar, dejarles sin esa fruta me parecía una excelente idea, y así hice. La devoré en apenas tres vocados, con avaricia. La fruta estaba deliciosa, pero aparte de eso, no me aportó nada más, como esperaba.

El caso es que después de comerme la fruta, escuché un grito en el exterior del barco. Temiéndome lo peor, salí de la cabina del capitán. Justo como me temía, uno de los vigías había avistado a uno de mis amigos, y ahora todos huían, escapando de los pocos piratas que habían dejado para vigilar el barco. Corrí y corrí, esquivando aceros y rufianes, hasta salir del barco saltando por la borda y cayendo a duras penas sobre un embarcadero del puerto. Mientras huía, desesperado, tratando de refugiarme en la seguridad de las calles, varios disparos de rifle se sucedieron uno tras otro; esos piratas no obviaban ni a jovenzuelos como nosotros.

Tres fallaron, pero el cuarto me dió en el pecho, cuando estaba a punto de cruzar la esquina que sería mi salvación. En ese momento no estaba muy seguro de qué había ocurrido, pero ahora no tengo duda alguna: el tiro me atravesó. Desde el momento en el que comí la fruta, me había convertido en arena, aunque decir eso no sea completamente correcto.

Hiperventilando y escondido tras la esquina mientras los piratas abandonaban el barco y venían a mi encuentro, una mano desconocida me agarró por la espalda y me metió a un postigo, impidiendo que los marineros me encontraran. Ahí fué cuando mi vida dió un cambio drástico.

Shiro, así se llamaba. Era un hombre ya entrado en años, pero todavía bastante hábil. Le faltaba el ojo derecho, como bien indicaba una anormalmente grande cicatriz que llevaba de arriba a abajo sobre el párpado. Su pelo era blanco, tenía barba de varios días, ojos azules como el mar, y una tez arrugada y bronceada de tanto momento al sol. Un auténtico pirata, aunque ya estaba retirado.

"¿Quieres ser un pirata, verdad?"

No dijo nada más en un principio. Estaba asustado, muy asustado, no solo por la persecución, si no porqué no conocía las auténticas intenciones de aquél impotente e intimidante anciano. Simplemente asentí con la cabeza, y una amplia sonrisa se mostró en sus labios, poco alentadora. Tuve todavía más miedo, pero no hizo nada, simplemente me ofreció una taza de té y me dejó dormir. Al día siguiente comenzó mi entrenamiento.

Me pasé los cuatro siguientes años saliendo únicamente a hacer algún que otro recado ocasional. Shiro me enseñó muchísimas cosas sobre la piratería, la jerarquía y el modus operandi de la Marina, algo de geografía, Grand Line, y muchas, muchas historias sobre grandes piratas del pasado y aventuras suyas. Me habló mucho sobre las Akuma no Mi, especialmente de la que yo había ingerido por accidente. Suna Suna no Mi, la fruta arenera, que hacía a su portador casi invencible, pues todo golpe le atravesaba; y eso no era más que la punta del iceberg. En un principio no le creí, pero automáticamente después recordé lo que había pasado con esa bala perdida durante la persecución y comencé a sudar únicamente de pensar en las posibilidades, en el poder que había adquirido por pura gracia del destino.

Me entrenó, no en el uso de mis poderes, pues era algo que se le escapaba a Shiro, pero sí en el uso de la espada. Él había sido un hábil espadachín durante sus años de piratería, y me lo demostró en más de una ocasión. Durante el quinto año, cuando cumplí los 17, me dejaba salir más, y en alguna que otra ocasión íbamos juntos a recibir a los piratas recién llegados por el simple hecho de dejarme practicar mi habilidad con la espada y los poderes de la Suna-Suna, que yo mismo iba desarollando con mucha lentitud. El ser practicamente intocable por pura inercia ya era un enorme aliciente, y hacía que la enorme mayoría de mis contrincantes saliese corriendo por miedo e incredulidad.

Y hace un mes... Shiro murió. Me sentí profundamente apenado, pues había sido más que un mentor para mí, había sido un padre... era bastante estricto, pero en el fondo era buena persona. Tomé su antigua katana, que todavía se mantenía "joven", tomé prestado un bote y me fuí, de isla en isla, incansablemente, buscando a un tal "Ishigetsu", un Yonkô, nada menos, era uno de los piratas del que más me había hablado Shiro. Tuve ganas de desistir en más de una ocasión, pero nunca me rendí. Al final, lo encontré, y estuvo encantado de aceptarme como su... ¡Subcapitán! Supongo que será por mis poderes... pero este Ishigetsu... es un buen tipo en el fondo, me recuerda bastante a Shiro. Además, nunca te aburres con él... Ya hace una semana de eso.

Y a mis amigos... lo último que supe de ellos es que se habían alistado en la Marina... no me hace gracia volver a Logue Town por el simple hecho de que algún día sé que podré encontrármelos de nuevo... y no en circunstancias agradables.
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MensajeTema: Re: Ralexion Kidbudd   Miér Sep 16, 2009 3:32 pm

En fin... xD Ficha Aceptada
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Ralexion Kidbudd
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